Yannis Philippakis y compañía desnudan su parte más salvaje y pesada en esta entrega

Una de las ideas recurrentes (y subjetivas por supuesto) que la cultura pop ha dejado es la que dice que las segundas partes tienden a fracasar respecto a las primeras entregas. Ese parámetro, aunque carece de sustento teórico, suele servir para determinar el impacto de cualquier obra.

Algunos hacen reventar la expectativa para romper dicha premisa y son Foals quienes lo logran en esta ocasión con Everything Not Saved Will Be Lost Part II.

La agrupación británica deja ver su lado más espinoso y áspero a través de 10 tracks «elegantemente desaliñados», en comparación con la producción antecesora lanzada apenas en marzo pasado.

De la placa anterior, aún prevalecen tanto un detalle como una virtud: el nombre del material evidentemente y, sobre todo, los términos caóticos, desesperanzadores y casi apocalípticos en el concepto general de los temas.

Tras una breve introducción –Red Desert– hecha con el simple afán de montar algo de mística (adorno innecesario que debería presentarse solo en el corte para el video oficial), el álbum abre de manera contundente con ‘The Runner’.

Una línea rítmica de corte funkie ambientada cuidadosamente en el background por algunos sintetizadores, son el segundo plano con el que se abraza el poderoso riff de guitarra que roba la atención. El propio vocalista de la banda anticipó en su momento a NME que la pesadez de las melodías serían la cualidad esencial del disco.

Sobre una terreno musical todavía más rasposo camina ‘Black Bull’, misma en la que Yannis hace gala del domino que tiene para desgarrar su voz. El espectáculo de guitarras distorsionadas toma un camino calmado con ‘Like Lightining’ y ‘Dreaming of», las cuales coquetean con el art-rock.

Dentro de este espectro correoso, la banda voltea un poco al pasado con la animada ‘Wash Off’, que bien podría haberse incluido en los discos Holy Fire o Antidotes.

Las guitarras duras desaparecen por completo un par de veces para que todo se vuelva enigmático con la breve pieza de piano ‘Ikaria‘, y la relajada ‘Into the Surf‘, que no se parece a nada que los oriundos de Oxford hayan hecho antes (no es queja).

De esta última, el audiovisual (dirigido por el colaborador de Wes Anderson y Tim Burton, Steve Warne) merece una mención aparte, ya que hace de la canción su propio soundtrack.

Philippakis y compañía emprenden también una incursión en lo experimental con ‘Neptune’, donde se sumergen en un mar de tesituras digno de cualquier composición pinkfloydesca.

El grupo entreabre la nostálgica posibilidad de la influencia del grunge de los 90 con ‘10,000 Feet’, volviendo a las guitarras pesadas maquilladas con un arreglo suave, profundo y lleno de eco.

Con esta segunda parte, Foals dejó ver así la cara fruncida de la caótica función llamada Everything Not Saved Will Be Lost. Sí, de carácter más salvaje pero igual de poderosa. Una muestra de que, sin duda alguna, son una de las bandas de rock más importantes de la actualidad.

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Portada de «Everything Not Saved Will Be Lost Part II»